Adrián Faraldo visto por Eva Villamar


Por dónde empezar. Que nadie piense que por su juventud tengo poco que contar de él o, mejor expresado, que él tenga poco que contar de sí mismo y de su manera de sentir su trabajo o, casi sería más correcto decir, su manera de sentir, sin más. Porque Adrián creció entre negativos revelados en cuarto oscuro, cuando esa fotografía analógica exigía una pericia artesanal, y vio nacer las nuevas herramientas en la cámara y en el ordenador, con el cual es un auténtico experto. Si, a este hombre la fotografía le corre por las venas y se nota, le viene de familia, pero ha sabido buscar y encontrar su propia manera de hacer las cosas. Su fotografía es sensible, es dinámica, es diferente. La reconoces rápido porque, por encima de todo, persigue el gesto, ese gesto que sea capaz de transmitir mil emociones en un segundo. Y lo consigue.

Verlo trabajar es una delicia. Entra sin ser visto, siempre vistiendo esa afable sonrisa que invita a la confianza. Además, sabe moverse entre la gente con suavidad. Esa es la palabra, suavidad, que va más allá de la naturalidad, simplemente se desliza y se integra en el espacio, en el momento, para buscar ese gesto que le motiva, que le pinta la vida de sus particulares colores. Son colores que huelen a nuevo, a ilusión y ganas por mostrar una forma particular de hacer las cosas, esa ilusión de quién estrena zapatos nuevos, de quién estrena vida. Porque la fotografía de Adrián está llena de vida, respira libertad y alegría.

Y se nota que le gusta, que le apasiona su mundo y encontrar mundos nuevos. Para Adrián una nueva Boda es eso, un mundo nuevo con personas por descubrir y sus particulares historias por contar. Y lo contará tal cual, sin disfrazarlo. Dará lo mismo si la Novia se arregla en una suntuosa suite o en un pequeño baño, él será capaz de obtener la imagen más hermosa, porque el fondo casi no tendrá importancia, él consigue pasar a primer plano a esa Novia, a la invitada, al abuelo, a quién sea, pero siempre es capaz de otorgarle el protagonismo al momento. Es un observador sensible enamorado de la vida.

No tengo la menor duda de que Adrián seguirá evolucionando, sobre todo porque no quiere dormirse nunca. Pero he de decirle, por si no lo sabe, que ya es un fantástico fotógrafo y además una persona exquisita. Me encanta coincidir con él trabajando y puedo notar, porque a estas alturas eso lo percibo al minuto, la comodidad de nuestra Novia y toda su gente ante su presencia. Todo un lujo.

Eva Villamar